miércoles, 29 de abril de 2009

VECINOS



M no se echaba ya en cara su mala suerte, ni su cara tan horrible o incluso su sobrepeso.


Había aprendido que algunas cosas compensaban otras cosas.


El ser el dueño de tres pisos de más de ciento cincuenta metros cuadrados en uno de los barrios más caros de Barcelona le había permitido hasta entonces vivir holgadamente, sin trabajar, gracias a los ingresos que le proporcionaban al menos dos de ellos siempre en alquiler, generalmente a representantes de gobiernos extranjeros o a altos ejecutivos de paso por la ciudad.


M aún no sabía a su edad lo que era el tener que madrugar para ir a toda prisa a una oficina a trabajar o el no tener apenas tiempo para uno mismo y la sensación de angustia que eso produce. Acomodado en ese tercer piso de su propiedad ya digo, M veía la vida con una tranquilidad inusual, de una forma muy diferente al resto del mundo. Sus retos nada tenían que ver con los retos de la mayoría de la gente con la que compartía escalera, calle o incluso ciudad.


Muchas noches se encontraba con su vecino de al lado dentro del ascensor y era en esos momentos, al verle tan cansado dejando la mochila en el suelo con desgana, cerrando los ojos, cuando M se lo repetía a si mismo una y otra vez , tenia suerte pese a todo, no podía quejarse.


¿De que le había servido a aquel chico el ir a su mismo colegio, a su misma clase ,cuando M había repetido curso, y el sacar al menos durante ese año las mejores notas?, ¿O el haber estado siempre junto con los más populares de la clase?, ¿O el haber sido un chico moderno, vestido a la ultima? Bastaba mirarlo a los ojos para darse cuenta que no de mucho.. Al menos ante los ojos de M.



Podemos decir sin equivocarnos demasiado que M empezó a vivir hará unos dos años, que fue cuando sus padres murieron en un accidente de coche.

Pasados unos pocos meses, de repente, M cambió por completo su forma de vestir y fue también por esos dias cuando comenzó entonces a oírse a todas horas y por el patio interior, procedente de su casa, una música muy alegre , la típica de una radio fórmula dirigida a quinceañeros y no a él que ya tenía unos veintidós y que por lo tanto se encontraba ya muy lejos de todos esos años.

Supongo también que sería entonces más o menos cuando M comenzó por fin a quedar con chicas a través de Internet, de otra forma nunca antes lo había hecho, cuando su mundo se volvió un poco más inestable de lo que lo era gracias a ellas, con alguna que otra preocupación haciendo acto de presencia en el horizonte. Lo dejaremos claro , eso si, y desde este mismo momento, la mayoría con las que ha conseguido quedar hasta hoy han sido muy feas. Pero muy que muy feas.


Y aún asi, la gran mayoría nada más verlo no han hecho sino darle plantón.


A las pocas que sin embargo, y al menos hasta el dia de hoy ya digo, han decidido repetir, en realidad solo he visto a dos, M a pesar de todo las ha tratado como si fueran auténticas reinas de la belleza, víctima de su inocencia aún en estos temas supongo y de querer por encima de todo que en el barrio y en la casa todos le veamos por fin de la mano de una chica.

Flores, reservas en restaurantes de un cierto nivel, presentaciones formales a los vecinos en la escalera, el portal o a la salida del supermercado de la esquina, pero algo no cuadraba claro estaba.



Esta lluviosa mañana de domingo supongo que habremos sido casi todos los vecinos los que hemos oído de repente romper a llorar a M . Tras mantener una conversación a gritos por teléfono, recriminando a la otra persona haberle dado determinadas esperanzas para ahora súbitamente decidir unilateralmente tirárselas por tierra.


El chico con el que se encuentra muchas noches en el ascensor, es curioso, al oírlo todo ha decidido cerrar el grifo de la ducha para enterarse mejor de los detalles. Ha pensado que prefiere su vida con sus prisas y agobios a la de M, llena de horas en blanco, horas que una tras otra hay que llenar con series y programas de televisión básicamente.

También ha recordado su patético paso por clase hace años.


Una vez que se ha hecho el silencio y saliendo de la ducha, poniéndose las gafas, se ha imaginado a M recorriendo el pasillo de su casa en silencio hasta llegar al salón y a continuación encendiendo el dvd, no sería extraño que de repente comenzaran a oírse sus superlativas carcajadas como
otras muchas veces viendo La Familia Mata .


También se lo ha imaginado, medio desnudo, con ese cuerpo totalmente amorfo que a nadie se atreve a mostrar, sentado frente al ordenador, atiborrándose de galletas, viendo fotos y más fotos de chicas, leyendo sus pequeñas historias bajo las mismas, estableciendo puntos de contacto entre todas ellas y la suya propia, esa con la que lleva ya tantos años cargando.

Luego, ya con las gafas puestas y medio desnudo también se ha sentado frente a su ordenador a examinar un par de perfiles de chicos que le pueden interesar.
Buscando también puntos de contacto entre él y al menos hasta ahora, esos perfectos desconocidos.

sábado, 25 de abril de 2009

HACE SIETE AÑOS


Asi que era esto.


A estas alturas empiezo a ser consciente de ello.


No cabe esperar mucho más.



Era mejor tal y como lo imaginé de eso estoy seguro.

Tirado sobre la cama hace siete años, sin nada que perder, creyendo saberlo todo.


Mi posición en todas esas historias inventadas era también mucho más segura e inatacable de lo que lo es hoy.



Los sentimientos aparecían menos ambiguos de como luego han resultado ser .

Sin apenas recovecos ni perspectivas, desde donde uno puede pararse en un momento dado a analizarlos o justificarlos, observando asi desde lejos quizás la gran mentira que son, la gran mentira en la que tú no tienes más remedio que creer en el fondo, deseas tanto creer en ellos porque debe de haber algo mas ¿no?. Debe de haberlo.


Nadie hablaba o me tocaba, pero bastaba.

Durante unos escasos minutos, a lo mejor unos cuantos segundos tan solo, aquellas historias eran casi tan reales como el techo de mi habitación, la persiana bajada, los posters, las soleadas tardes de la primavera del 2002 de las que el resto de los chicos de Barcelona ya disfrutaban.

Esto último si que dolía un poco a veces, mucho otras.


Morrissey lo llenó todo muchas de esas tardes.

Acabábamos de conocernos por así decirlo.

Y era curioso porque en el 2002 a nadie le importaba lo más mínimo Morrissey .

Morrissey casi ni existía.

Era casi otro sueño más, uno de los muchos que por entonces y en circulo volaban en mi cuarto.


Alguien que no sabía lo que quería para su vida, que desconocía lo que era un beso, una caricia, el amor, del sexo ya ni hablamos….¿Merecía de verdad seguir viviendo, prolongando de esa manera su agonía dia tras dia?

sábado, 18 de abril de 2009

HEROES Y DEBILES




PERFECTBOY pensó en contestar a ALWAYSNEUS “porque soy guapo y puedo permitírmelo” pero tras pensárselo un poco y ver la cara de ella pensó que quizás no era la mejor opción.


Entonces ALWAYSNEUS volvió a pedírselo, ¿Por qué demonios no podían salir los dos de fiesta hasta el amanecer y continuar de esa forma lo que para ella al menos había sido una de las mejores tardes de su vida?.

Pero PERFECTBOY no le dejó ni terminar la frase, dándole un beso de hermano antes de irse definitivamente del portal de aquella casa. Mañana tenía otra cita a media tarde con SILVERGIRL y quería estar al cien por cien pues, al menos y a través de lo que mostraban las imágenes de su fotolog, SILVERGIRL parecía ser una chica realmente espectacular, que era como ALWAYSNEUS también se lo había parecido antes de conocerla, antes de haberse dado cuenta que estaba un poco gordita y tenía la cara con algunos granos, los labios muy secos.


Ya en el ascensor y camino de su casa ALWAYSNEUS echó de menos el reflejo de PERFECTBOY en el espejo del mismo. Y segundos después, haciendo su cama, extrañó su cuerpo, sus besos. Habían intercambiado varios mensajes a través de sus respectivos fotologs y habían quedado básicamente para follar y nada más, pues de eso se trataba ¿no? se preguntó a si misma ya en la cocina, preparando un poco de pasta para cenar.


A PERFECTBOY no le gustaba salir de noche, le gustaba recluirse en su cuarto la mayoría de las noches para leer, para conseguir citas con chicas como ella que estaban ya hartas de sus novios, o con chicas que andaban locas por perder su virginidad y necesitaban un poco de acción en sus vidas. Eso es lo que le hace tan especial quizás, aparte de esa cara mezcla de chico salvaje y chico educado en un elitista internado inglés, pensó ALWAYSNEUS recordando lo aburrida que estaba de EDUTHEBEST ,su novio, que esa noche había quedado con sus amigotes, de su maldito hiphop sudamericano y barriobajero, de sus pantalones anchos, sus porros y la cerveza de litro que siempre parecía ser una compañera más en la mayoría de sus citas.


Tumbada en el sofá de repente le dio por llamar a XXCHARLIE89XX para ver que hacía.



XXCHARLIE89XX estaba en la barra de un bar con otro amigo pero con ojos y oídos solo para MINUSZERO que se encontraba enfrente suyo pero eso si algo lejos,al fondo del bar. Ni siquiera le había saludado al encontrárselo allí, en la barra, soportando la aburridísma conversación de FEDEFANGO acerca de lo de siempre, es decir Fangoria, Alaska, La Prohibida etc etc. Quizás lo que pasaba es que MINUSZERO lo había descubierto y ya estaba harto de él. Quizás lo había adivinado ¿no?,tampoco era tan difícil, que tras todos esos ” wapooooo” con que terminaba sus mensajes del fotolog lo que se escondía en realidad no era ofrecimiento alguno para amistad sino deseo de tener sexo y más sexo con él. Y claro, XXCHARLIE89XX no era precisamente guapo, tan delgado y peludo, medio calvo a su edad . Y MINUSZERO no podía consentir que lo relacionaran con él, que pensaran que ambos eran amigos.



A A. todos le recriminaron que no actualizara desde hace meses.


Situado bajo el brazo de MINUSZERO, en el papel de su novio oficial, en silencio, A se rió pero sintiendo de nuevo que en vez de dos ojos debería de tener seis o siete y lo mismo con los oídos, para poder mantenerlos a todos a raya más que nada.

Estaba tan obsesionado con todos aquellos que no dejaban de adular a su MINUSZERO, que le preguntaban por su Myspace, su Facebook,su Fotolog y que en unos pocos minutos querían recorrer ese camino que a él le había costado meses hacerlo, que como de costumbre ya era capaz de oir las tres o cuatro conversaciones que tenían lugar cerca suyo, por si captaba algo extraño en alguna de ellas, no dejando de vigilar al mismo tiempo todos y cada uno de los rostros que se acercaban a ellos dos , evaluando sus posibilidades.


Por supuesto que A no disfrutaba ya nada de esa noche.

De hecho odiaba a todo el mundo que se encontraba cerca suyo.

A los seguidores de MYMUSCLES, a PARTYLOVER, a BERLINBCN, a DISCOGAY.

Sabía además que no podría aguantar asi mucho más, que su cuerpo era débil, que estaba muy cansado, que su mente ya no daba para más.

Incluso de repente hasta se había encontrado temeroso de XXCHARLIE89XX, que se había acercado minutos antes donde él estaba en el baño para preguntarle por SIEMPRECONTIGO.

A había preferido callar en ese momento, no decirle la verdad, que no tenía posibilidad alguna con él pero que si, que era cierto, SIEMPRECONTIGO SI tenía una polla kilométrica.

SIEMPRE CONTIGO era mucho más divertido antes, con su chándal, repartiendo pastillas y coca, follándote por y con unas zapatillas de deporte puestas. Ahora solo era una sombra de lo que antes era, con su fotolog lleno de poesías baratas de su propia cosecha y con fotos de él y su novio.

Pura basura.


A sintió de repente como que se desinflaba, que se venía abajo, que necesitaba que MINUSZERO le agarrara mucho más fuerte de lo que lo hacía para no deslizarse hacia el suelo.

Pero claro, no se atrevió a pedírselo.

domingo, 12 de abril de 2009

GARABATOS



Desde siempre quise saber dibujar.

Y tener como tengo ,pero sabiéndolos utilizar claro, un pequeño estuche repleto de lapiceros Staedtler amarillos y negros , con la parte de arriba roja o azul ,dependiendo del grosor, y otro estuche también, pero de pinturas esta vez, con cualquier color que puedas imaginar, desde el amarillo casi blanco al negro más oscuro.

No me los encontraría por casualidad entonces después de meses sin usarlos. No estarían tan escondidos como en esta primavera lluviosa resulta que lo están, al fondo de la vieja bolsa de deporte de cuando iba al colegio, junto al uniforme de gimnasia y un balón de futbol que nunca me atreví a usar y del que nunca tampoco a nadie hablé.

Si supiera cómo hacerlo, si fuera bueno, quizás no estaría donde hoy estoy.

Y desde luego sería mucho más autónomo eso está claro, no necesitaría a nadie.

Nunca habría conocido quizás a mucha gente que sin embargo he tenido que conocer y que en su mayoría ya han desaparecido de mi vida.



Y si, tienes razón, todo esto viene a cuento porque le habría dejado un pequeño esbozo a ese chico francés en algún descuido que él hubiera podido tener. Ese chico que cerca de las diez de la noche y una vez realizado su pedido en el Mc Donalds de Paseo de Gracia, esperando por el, se puso a bailar como un loco entre las mesas, sin importarle lo que pudiéramos pensar acerca suyo.


Un chico rubio, de pelo rizado, acompañando de muchos compañeros de clase, de un par de profesores y de una chica en especial que parecía ser su novia y que terminó por animarse también a bailar junto a él.

Habría puesto mi número de teléfono y un pequeño mensaje escrito en Bic de color verde dándole las gracias por haberme recordado esa noche, terminando yo de cenar y él a punto de empezar a hacerlo, que la vida puede ser algo divertido y que en el fondo quizás eso no es algo tan difícil de lograr, no está tan lejos de mi alcance como a veces pienso.

Luego, muerto de vergüenza y antes que pudiera darse cuenta de algo, me habría largado de allí a toda prisa.

Fin de la historia.


Bueno, si, claro, no voy a engañaros , tenéis razón, ¿para qué ocultarlo?, también habría dibujado de nuevo a toda prisa , pero esta vez la tarde siguiente, a ese chico tan pálido y de ojos verdes con el que he coincidido hoy en la biblioteca y al que tanto he mirado y del que no he recibido como respuesta ni una sola mirada por su parte .

Mi historia con él solo tiene o consta de un inicio, no hay nada más, un inicio que se remonta al verano pasado, a un mediodía en que fui a llevar a su casa unos papeles que Ella me había dejado para entregar a su padre, uno de los jefazos de la oficina. Me abrió la puerta con tan solo un minúsculo bañador encima, me dijo que su padre no estaba pero que se hacía cargo del sobre.


No parecía tener ni un solo pelo en las piernas o en el pecho y al darse la vuela y agacharse, la visión de la parte superior de su culo terminó por rematarme.

Tendría esta tarde también que haber abierto mis estuches de pinturas para dibujarle, haber destapado luego mi Bic verde de nuevo tan solo para escribirle junto a su improvisado retrato, en la parte trasera del mismo, que yo ya no puedo escribir una historia o avanzar en la misma a base de solo imaginar, que estoy muy cansado de hacerlo, que él también tiene que poner un poco de su parte, lo mínimo.

Tendría que sentado , con la mirada fija en su rostro, sin temor, haber permanecido luego allí para ver la expresión de su cara, su reacción, ante mis tonterías.

Estaba preparado tanto para lo bueno como para lo malo.

Al menos eso creo.

lunes, 30 de marzo de 2009

1976 Primera parte

5


Soñaba con poder pasear cogido a ella de la mano, con no poder parar de reírse al oírla hablar.

Soñaba con abrazos seguidos de escalofríos, con besos románticos pero nada más y ya sabes a lo que me refiero.

Soñaba con poder a su lado vestir más alegre de lo que lo hacía, con conocer a gente que realmente mereciera la pena.

Soñaba con , gracias a ella, volver a encontrar su camino sobre todo.



Ella había sido Chuska al principio de curso, hasta que oyó que se enrolló con dos chicos diferentes el mismo fin de semana.

Luego Cristina había ocupado su lugar, pero en una fiesta en un chalet cercano al suyo, Suso la había visto bailando en el jardín medio desnuda y le había parecido tan ridícula, tan lejos de lo que él esperaba de ella .

La última se había llamado Anuska, una chica de la clase de piano , de la que por cierto y desde que había abandonado dichos estudios de piano la pasada primavera no había vuelto a saber nada .

Ojeó discretamente sin sacarlos de su bolsa las portadas de los discos que había comprado al principio de ese dia que en ese momento de repente le pareció que había sido tan largo.

Le dió vergüenza sacarlos fuera, que la gente del autobús viera la música que escuchaba.

Le dió vergüenza ser él mismo en realidad.

Sopló de nuevo para quitarse de encima de los ojos el maldito flequillo.

Vió su cara reflejada en el espejo retrovisor.

Puede que se guapo pero puede también que sea feo le dio por pensar.

lunes, 23 de marzo de 2009

1976 Primera parte








3







Tenía pánico a sus propias preguntas más que nada. A sus propios pensamientos.

No obstante creía que poco a poco , por fin, ya los iba controlando y por eso sabía como hacer para que no le afectaran en su vida normal, no le hundieran cada vez que sin previo aviso aparecían.

Pero tampoco estaba muy convencido de ello.
Nada en realidad.



Mientras, el metro iba a toda velocidad.

Como Suso estaba seguro que de un momento a otro le llamaría por eso consultó su teléfono móvil de nuevo.
Alguien que te deja en tu buzón algo que has escrito treinta y dos años atrás y que escribe su número para que te pongas en contacto con él….Yo no esperaría ni un minuto al menos. Me lanzaría.

Tenía aún que parar en Sants –se acordó- y recoger unos cuantos discos de vinilo de segunda mano que había comprado por la mañana y que había dejado en una consigna de la estación antes de ir a casa de él. Nada memorable desde luego, aunque a lo mejor hasta alguno de ellos le resultaba interesante. Uno de la B J H, el “Love Beach” de Emerson Lake & Palmer, su decadencia, y por último “The friends of Mr Caro” de Jon Anderson y Vangelis. Entre los tres no habían llegado a costarle más de cinco euros. Una ganga vamos. Y luego tendría que salir disparado hacia casa pues no había resuelto ni una sola de las ecuaciones que pensaba haber hecho ayer sábado, o ninguno de los análisis sintácticos que en teoría el viernes por la tarde tenía que haber dejado finalizados y no quería meterse en problemas de nuevo.


4

Suso miró fijamente , como si fuera una obra de arte, algo realmente bello e irrepetible, aquella hamburguesa acompañada de patatas fritas y una Coca Cola.
Se dijo a si mismo que llevaba toda la tarde andando y que se la merecía. No iba a engordar más por tomársela.
Sabía perfectamente que para su madre esa excusa nunca sería válida. Ella no le dejaba tomar nada de chocolate o bollería a media tarde, ni Cola Cao por la noche, o pan para acompañar cualquier comida, recriminándole siempre lo gordo que estaba.
La cuestión era que se veía delgado en el espejo cada vez que se miraba en él, y sus amigos le decían que solo lo estaba un poquito, que no había porque preocuparse. Pero sus padres sin embargo, sus padres siempre terminaban por estropeárselo todo, pues no dejaban de repetírselo desde hacía meses, una vez al día por lo menos, estaba gordísimo.
Debería como ellos hacer algo de ejercicio, comer más sano le aconsejaban siempre.
Ahora ellos dos estaban a más de mil kilómetros de distancia asi que tampoco tenía porque tenerlos demasiado en cuenta concluyó.

Estaba sentado en la planta de arriba de la hamburguesería tras haber salido de la estación de tren a las diez en punto de la noche en vez de haber continuado la ruta hacia su casa. Rodeado de gente que en su mayoría como de costumbre se encontraba acompañada.
También estaba a la expectativa, seguro de que por fin algo le iba a pasar, al menos nada más sentarse allí, pues luego poco a poco su ánimo como de costumbre fue decayendo a medida que se hacía más evidente que la oscuridad en la calle ya era casi completa. Recordó esas tardes del ultimo dia del año, Nochevieja, cuando era un crio aún, esas frias tardes en las que también parecía una vez que se había hecho de noche algo mágico iba a suceder, tenía que suceder, y en las que finalmente por supuesto nunca pasaba nada.

Keith Emerson mientras pensaba en todo esto llenaba su cabeza de sonidos chirriantes.

Si, necesitaba hablar con alguien, que alguien le hablara, se interesara por su vida, le dijera algo y él a su vez, como contrapartida, pudiera también contarle al menos un poco de su vida. En las últimas cuarenta y ocho horas lo único que había dicho había sido el nombre de la hamburguesa que ansiosamente ya estaba devorando, si quería patatas fritas o no y la bebida que deseaba, apenas veinte segundos le había tomado.
Necesitaba algo más en sus vacaciones que su profesor particular, El Marcos como le llamaban todos, pero sabía que conseguirlo era casi imposible por mucho que él pusiera de su parte.
La vida iba por un lado y él por otro.

Se acordó de su viejo Renault Megane de color verde oliva.
Reconocía a esas alturas ya el sonido de su motor pues lo oía llegar todas las mañanas a las nueve en punto, medio dormido aún en la cama.
Siempre rezaba porque no fuera él pero desgraciadamente si que lo era y enseguida sonaba el timbre y tenía que abrirle la puerta del jardín primero y luego la de casa, y en cinco minutos empezar con las clases particulares de recuperación un dia más.
El Marcos había sacrificado su verano, se había quedado a solas en Barcelona mandando a su mujer e hijos al pueblo para ganarse un dinero extra dando clases a chicos como él.Era un hombre muy delgado pero con una tripa enorme, de pelo grisáceo, con una cara que denotaba siempre cansancio y unos pequeños ojos verdes incrustados en la misma que parecía por la expresión que ponía que no le funcionaban demasiado bien, que apenas podía ver algo a través de los mismos.
Curiosamente él era uno de los profesores que le había suspendido en el colegio.
Con eso quedaba todo dicho.
Tenerlo en casa todos los días después de todo lo que le había hecho sufrir en la pizarra durante el año, sabiendo de primera mano aún más detalles de su desastrosa vida fracasada como estudiante, era una humillación más. La primera vez que lo vió en casa Suso quiso morirse, ser otra persona. No podía imaginar una vejación mayor.

En el fondo es una perdida de tiempo – recapacitó - pues cada vez me encuentro más y más perdido y entiendo menos cosas. Quizás debería plantarme definitivamente y repetir curso otra vez o dejar el colegio. Soy el único desastre que conozco. En clase claro que hay chicos que también suspenden pero no casi todas . Mi padre y mi madre eran muy buenos estudiantes. Mis abuelos también. El problema es que nada me importa demasiado, todo me da igual, soy un especialista en dejarme llevar creo.

Asoció de repente el placer que le produjo probar aquel helando de nata y con trozos de M&Ms que había comprado como postre , con el momento justo en que El Marcos daba por terminada la clase a las dos los viernes y empezaba a recoger todos sus libros metiéndolos en una gastada cartera de piel marrón. Suso se sentía tan liberado, tan feliz y relajado en ese instante. Durante unos pocos minutos quedaba aún tanto tiempo para la próxima clase que hasta parecía que esta nunca iba a existir, que aquello si que eran unas vacaciones y un verano de verdad.

jueves, 19 de marzo de 2009

1976 Primera parte


2



Calle del Canal catorce, dieciséis, dieciocho.


Supuso que vivir allí, en cualquiera de los chalets de aquella calle, no sería muy distinto de ser una abeja y estar dentro de una colmena, o bien de ser una hormiga que cada noche termina siempre por volver al hormiguero.

A la salida de Barcelona cientos de pequeñas casas unifamiliares adosadas y distribuidas en unas pocas calles al lado de una autopista.


Se dio cuenta que de una de ellas salía algo de música a través de una ventana que alguien había dejado abierta .

Otra, en su azotea, tenía algo de ropa tendida pero ¿quién sabe?, a lo mejor se trataba solo de engañar a los ladrones, de hacerles pensar que no se habían ido de vacaciones.

Hacía aún mucho calor en cualquier caso y apenas había coches aparcados en la calle. La mayoría eran además furgonetas de carga, de color blanco y llenas de golpes y roces, con los cristales traseros llenos de pegatinas.

Calle del Canal cuarenta, cuarenta y dos, cuarenta y cuatro.



Sin saber porque entonces se acordó de algo que le había pasado al otro lado de la ciudad, nada más salir de su casa, cuando caminando por la acera se había encontrado con un niño de unos once o doce años montado en una especie de reproducción de coche de Fórmula 1. Le había dicho todo serio que no podía pasar por ese trozo de acera que estaba a punto de recorrer pues era suyo, o de su familia mejor dicho, y en ningún momento nadie de la misma le había dado permiso para hacerlo. Su padre entonces salió rápidamente del jardín de la casa algo preocupado, con una sonrisa como disculpa y regañando a su hijo a la vez .Suso también le sonrió, en realidad no solo a él sino a su hijo también. Le había dado tanta pena. Era un chico gordito, que hacía cosas aún de niño pequeño, del que seguro que sus amigos se reían. Tenían demasiadas cosas en común como para enfadarse entre ellos. A veces lo pagamos todo con quien menos se lo merece pensó un poco triste.

Calle del Canal sesenta y ocho , setenta, setenta y dos.



Echó un último trago a la botella de cincuenta centilitros de agua mineral. Encendió su mp3 y Peter Frampton comenzó a sonar. Si un coche pasara por allí mismo y lo atropellara y dejara inconsciente en el suelo todos se sorprenderían de encontrarse bajo ese sol abrasador a un chico de diecisiete o dieciocho años escuchando esa música. No importaría nada que luego en el hospital descubrieran que en realidad tenía casi veinte años.

Peter Frampton, Yes, Led Zeppelin, Emerson Lake Palmer ¡quien demonios era ese chaval!, ¿De dónde podía haber salido? se dirían entre ellos se imaginó.

Calle del Canal ochenta, ochenta y dos y ochenta y cuatro, por fin casi había llegado. No había vuelta atrás.


El sol a lo lejos estaba a punto de empezar su ruta descendente de todos los días.

Un repentino olor a cloro de repente lo había impregnado todo.

En un cartel observó que si giraba a la izquierda en el próximo cruce se daría de bruces con la piscina municipal.

Calle del Canal ochenta y ocho.

Por fin.


Decepcionado Suso descubrió que era otro chalet exactamente igual que los anteriores. Sin nada que lo hiciera resaltar.

Como mucho una maceta con unas cuantas plantas muertas en la jardinera de la ventana contigua a la puerta de entrada.

Por lo demás el mismo color entre anaranjado y rojizo de los ladrillos, las mismas persianas de color blanco, la misma baldosa marrón del suelo.

Tomando aire, llenando sus pulmones, Suso sacó un papel doblado del bolsillo trasero de su pantalón y echándole una última mirada finalmente terminó por introducirlo dentro del buzón.
Ya estaba hecho.

Un escalofrío recorrió su espalda.

Dándose la vuelta pocos segundos después inició el camino de regreso a casa, el mismo de antes pero al revés.

No tenía miedo de volver a encontrarse con todas sus antiguas preguntas de nuevo. No es que tuviera las respuestas pero ya había levantado bien sus defensas, esas que le hacían casi inexpugnable.

Era un desastre. Estaba condenado a la más absoluta de las infelicidades, de las soledades. Nunca nada cambiaría.

Y por primera vez en mucho tiempo pensó en “él” pero muy escépticamente, nada que ver con todas esas ensoñaciones que tumbado sobre su cama muchas noches de ese verano había construido.

¿Cuántos años tendría?. Mínimo cuarenta y cinco.

¿Cómo sería en 1976?. Desde luego nada parecido a como yo lo soy treinta y dos años después.

Una imagen de si mismo en blanco y negro, vistiendo unos pantalones vaqueros acampanados y con media melena y un poco de barba ocupó por completo su cabeza.

No pudo evitar reírse un poco.